Digitalizar no es informatizar: el error que cometen muchas empresas
- 12 ene
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Muchas empresas consideran que están “digitalizadas” porque utilizan programas para facturar, gestionar clientes, llevar la contabilidad o controlar operaciones. Tienen software, tienen pantallas, tienen datos. Pero tener sistemas no significa, ni de lejos, tener una empresa orientada al dato.
El problema aparece cuando toda esa información vive en compartimentos aislados. Cada área trabaja con su herramienta, con su criterio y con su propio ritmo de actualización. Los datos existen pero están dispersos, no están normalizados y no están pensados para ser analizados de forma conjunta. La empresa está informatizada, pero no está preparada para explotar su información.
Esto genera una situación muy común: hay números, hay reportes, hay controles… pero no hay una visión clara del negocio como un todo. La dirección recibe informes parciales y muchas veces con diferencias entre áreas. No se puede leer la empresa de forma integrada. Se toman decisiones con datos, pero con datos incompletos o desalineados.
El resultado es que no se conoce con precisión qué productos son realmente más rentables, qué servicios dejan mejor margen, qué clientes aportan más valor o dónde se están produciendo las mayores desviaciones de coste. Todo eso se intuye, se estima o se analiza con mucho retraso.
Aquí es donde entra la diferencia entre informatizar y trabajar con Business Intelligence. La explotación del dato parte de una base muy concreta: ordenar, unificar y modelar la información para convertirla en conocimiento de negocio. No se trata de tener más programas, sino de que los datos de toda la empresa tengan un mismo lenguaje, un mismo modelo y una misma estructura.
Cuando los datos están bien integrados, se pueden construir informes de dirección que muestran, de forma visual y actualizada, la realidad completa de la empresa: ventas, costes, márgenes, servicios, productos, clientes, cobros y evolución temporal. La información deja de estar repartida y se concentra en una única capa de análisis.
Esto cambia completamente la forma de dirigir. La empresa deja de depender de cierres manuales, de cruces de Excel y de interpretaciones distintas según el área. La dirección puede ver el negocio con datos vivos. Se gana control, precisión y capacidad de anticipación.
La verdadera transformación digital no empieza cuando se instala un software. Empieza cuando los datos de la empresa se convierten en una herramienta real de gestión. Y esa diferencia, aunque no siempre se vea desde fuera, es la que separa a las empresas que simplemente operan de las que realmente dirigen con información.
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